47. Una línea de sangre odiada
CRYSTAL
El día había llegado después de una noche de tormenta; anoche casi no dormimos escuchando ruidos extraños y árboles cayéndose.
Sentía que en cualquier momento entraría la última criatura que quedaba, pero nunca fue así.
Thea estaba cansada, cerrando sus ojos de vez en cuando para dormir un par de minutos antes de que los ronquidos de cuatro chupasangres la volvieran a despertar.
Pobre de las compañeras que le toquen, porque no solo van a tener que soportar eso, sino también las posi