37. Una extraña sensación
CRYSTAL
«¡MÍA!»
Esa no era la voz de Ezra, era la de su lobo; sus ojos rojos aparecieron en mi mente, danzando en medio de aquella bruma oscura que intentaba llegar a mi pequeña loba.
La sensación de frío, de un momento a otro, me hizo abrir los ojos para ver que Ezra se había alejado.
Fruncí ligeramente el ceño ante el sentimiento de abandono, ese mismo que sentía cada vez que Kaden me usaba y se iba después de quedar satisfecho, dejándome sola y llena de dolor, acurrucada hasta que pasara