29. Mi vida por la suya
CRYSTAL
Todos íbamos en silencio, entrando de nuevo por las puertas de mi prisión. Diana temblaba incontrolablemente; podría decir que tanto como yo.
Arvid, en algún punto, nos abandonó, caminando doblado por el dolor que sentía en su estómago. Leonor iba hablando consigo misma, negando con la cabeza mientras trataba de poner una máscara fría que se quebraba después de unos minutos.
Me sobresalté cuando Ezra abrió una puerta con fuerza, arrastrando con él a Diana, que ahora sí comenzaba a