30. El mapa
CRYSTAL
Sus brazos siempre se sentían como los de una madre: reconfortantes, cálidos, llenos de un amor que nunca he tenido.
—No debiste hacer eso, mi niña; solo te expusiste peor.
—¿Qué más podía hacer? Estaba desesperada, no quería que Diana muriera por mi culpa.
Ella tomó mi rostro, secándome las lágrimas, mirando todo el desastre que era ahora.
—Tienes que dejar de culparte por las decisiones de los demás. Yo recibiré mi castigo porque decidí acompañarlos en esta locura; eso fue mi ele