20. Desatando un infierno
EZRA
La daga daba vueltas y vueltas en mi mano, disfrutando del miedo que reflejaban todos los rostros frente a mí.
El Alfa era el mejor de todos; su miedo era tanto que hasta se había orinado en los pantalones.
—Alfa, los asesinos.
Más de seis cuerpos fueron lanzados frente a mí, hombres contratados por el Alfa presente para asesinarme.
Creo que debería darle méritos por al menos haber intentado ocultarlos "bien" para darme una emboscada.
—Alfa Ezra…
—¿En qué momento se te permitió abri