El día siguiente llegó con una sensación de calma inquietante. Agatha despertó temprano, un hábito que había cultivado con el tiempo. La luz suave del sol filtrándose por las cortinas le dio una sensación de paz, pero la conversación de la noche anterior seguía dando vueltas en su mente. Había dado un paso importante al abrirse con Samer, pero algo dentro de ella le decía que aún quedaban muchas cosas por resolver.
Después de vestirse, Agatha decidió preparar el desayuno. El proceso la ayudaba