El aire estaba pesado, cargado de una tensión que parecía palpable. Agatha se quedó en silencio, observando cómo Samer entraba y salía de la habitación con rapidez, revisando cada rincón, cada detalle. Sabía que algo grande se estaba cocinando, pero aún no lograba comprender lo que estaba en juego.
La casa se había vuelto un refugio improvisado, un lugar donde las sombras parecían acechar a cada paso. Samer, siempre tan calculador, parecía nervioso, un sentimiento que rara vez se mostraba en él