Reina
El camino de regreso a mis aposentos fue una bruma de agonía y sensibilidad. Sentía las piernas como si fueran de agua, y cada roce de la fresca brisa del pasillo contra la humedad entre mis muslos era un punzante recordatorio de las tres habitaciones que ya habíamos profanado. ¿Y saben qué? Mi yo descarado y lujurioso quería más.
Apretaba contra mi pecho las cintas de mi vestido destrozado, mi piel brillaba con un rojo intenso y hermoso por la caza en el jardín. Con cada paso que daba, n