Caine
Henry ya estaba en el suelo cuando regresé a la sala del trono. No era novedad que torturaba gente por diversión y el placer que ello conllevaba, pero esta vez, noté que era diferente. Sentía el latido de algo más en mis venas, y la mera visión de él era más que suficiente para avivar esa pasión de nuevo.
Al menos lo que quedaba de él.
La sangre resbalaba por la piedra bajo sus rodillas, oscura y desigual, como si el suelo mismo hubiera intentado tragárselo y hubiera fracasado. Uno de sus