Reina
El tiempo había dejado de significar nada. Si intentaba medirlo con la luz, fracasaba. Si intentaba medirlo con el sueño, también fracasaba. El único indicador fiable que quedaba era cuánto más débil me sentía cada vez que despertaba.
La tos era peor ahora. No era violenta cada vez, solo más profunda y pesada que la anterior, como si algo dentro de mi pecho se estuviera pudriendo lentamente y esperando educadamente su turno.
Ya no lo cuestionaba.
¿Qué sentido tenía? Mi cuerpo estaba falla