Reina
"¡No hay pulso!", gritó alguien en voz alta. No estaba segura de dónde ni de quién venía, pero la verdad es que no importaba, porque las palabras no sonaban reales.
Quedaban suspendidas en el aire, tenues y distantes, como si alguien las hubiera pronunciado bajo el agua. Entonces todo explotó.
"¡Inicia las compresiones!", gritó uno de los sanadores.
"¡Ya las he hecho!", respondió otro. "Pero no funciona. ¡Muévete, muévete!"
"¡Despeja las vías respiratorias!" Unas manos me apartaron mientr