Reina
Caía, y aunque no tenía sentido cómo ni por qué, eso no era lo peor. No había viento, ni aire que me pasara, ni cielo arriba ni tierra abajo. Solo una oscuridad interminable y sofocante que me engullía por completo.
Como si eso no fuera suficiente, no podía ver mis manos, ni sentir mi cuerpo. Lo único que sentía era la presión de la caída, caída y caída. Sentí un vuelco en el estómago e intenté gritar, pero no pude. La oscuridad se aferraba, densa y viva, envolviéndose alrededor de mis ex