Reina
La culpa no se quedaba quieta, se movía, y la odiaba. Tenía una larga lista de cosas que detestaba por completo, pero cada vez que decía que la culpa era la primera, simplemente tenían que creerme. Intenté deshacerme de ella, intenté reprimirla, pero por mucho que lo intentara, la maldita emoción simplemente se negaba a ceder, casi como si me hubieran maldecido con ella.
Aunque todo eso y más era frustrante, no cambiaba del todo la realidad y la cruda verdad que resonaba en mis oídos a ca