Caine
No aminoré el paso hasta que la puerta se cerró de golpe tras mí. El sonido resonó por el pasillo, agudo y definitivo, pero no logró calmar el caos que me desgarraba el pecho. Demonios, cuanto más intentaba calmar mi corazón palpitante, más amenazaba con desgarrarme la piel.
Por un instante, me permití imaginar lo sangriento que sería el espectáculo. La imagen no duró mucho, porque alguien más volvió a aparecer en el fondo de mi mente, y fruncí el ceño.
Mis pasos eran largos, furiosos, las botas golpeaban la piedra como si intentara aplastar el suelo bajo mis pies, quizá sí. Me dolía la mandíbula de tanto apretarla, pero no me atrevía a liberar la tensión.
Mi corazón latía aceleradamente, y solo eso me enfurecía.
Me llevé una mano al esternón mientras caminaba, como si eso pudiera obligarlo a calmarse, a obedecer. No lo hizo. No dejaba de latir, demasiado rápido y demasiado fuerte, trayendo a mi mente imágenes que no tenía intención de revivir.
Ella.
Cómo se movía. Cómo había ba