Caine
No aminoré el paso hasta que la puerta se cerró de golpe tras mí. El sonido resonó por el pasillo, agudo y definitivo, pero no logró calmar el caos que me desgarraba el pecho. Demonios, cuanto más intentaba calmar mi corazón palpitante, más amenazaba con desgarrarme la piel.
Por un instante, me permití imaginar lo sangriento que sería el espectáculo. La imagen no duró mucho, porque alguien más volvió a aparecer en el fondo de mi mente, y fruncí el ceño.
Mis pasos eran largos, furiosos, la