Valeria le explicó a Fiorella que era importante moderar la práctica del violín; si esa noche seguía aferrándose al instrumento, al día siguiente no podría volver a tocarlo.
Entonces, Fiorella dejó el violín a regañadientes y, tomada de la mano de su padre, bajó las escaleras.
Eufemio quiso invitar a Valeria a cenar, pero ella declinó la oferta. Sin insistir más, Eufemio la acompañó hasta la salida, agradeciéndole profusamente:
—Señorita Ramírez, estoy realmente agradecido por su ayuda. Decidir