Catalina, al no ver a Mauricio salir de la habitación, sintió un peso en el corazón y supo que no tenía sentido esperar más, así que se marchó del hotel.
¡No podía creer que, después de tanto esfuerzo, terminó preparando el camino para Valeria!
Cuando Catalina vio casualmente la canasta de frutas exquisitas sobre la mesa, su rostro se ensombreció aún más.
—No es nada, de repente no tengo ganas de quedarme en el hotel, —dijo con desgano.
Estela, intuyendo algo pero sin indagar más, comentó:
—Maña