Rebeca, al ver la situación, sacó una tarjeta de su bolsa y se la pasó a la empleada de la tienda.\N—Usa esta, —dijo.
—Gracias, —respondió Valeria—. Luego te pago.
—No es gran cosa, —dijo Rebeca con una sonrisa—. No tiene caso andar transfiriendo dinero de un lado a otro. Mejor invítame algo de comer más tarde.
—Trato hecho, —Valeria también sonrió.
Después de pagar, Valeria tomó la ropa que la empleada había empacado y ambas salieron de la tienda, dejando atrás a Mauricio, quien todavía estaba