Valeria retrocedía discretamente hasta llegar a una cabina desocupada. Con astucia, tomó una botella de vino de la mesa, escondiéndola con su bolso. Sujetando firmemente la botella, miró al hombre de cabeza rapada y preguntó:
—¿Necesitas algo?
El hombre masticaba chicle con actitud desafiante y dijo con voz hostil:\N—Hiciste sufrir a mi novia y a sus amigas, ¿y piensas escapar así de fácil? ¡No será tan sencillo!
—Tu novia fue quien habló sin pensar, —respondió Valeria con calma.
—¡Tú, que ya te