Mauricio se quitó el delantal y lo lanzó sobre la encimera, girando hacia el dormitorio.
En menos de un minuto, salió con su ropa y documentos en mano. Al pasar por el salón, echó una mirada fugaz a Valeria, quien seguía de pie junto a la cocina. Sus pasos vacilaron un instante, pero pronto continuó hacia la entrada y cogió su abrigo del perchero.
—Mañana a las nueve, te esperaré en la entrada del Registro Civil para formalizar el divorcio, —dijo Mauricio.
Tras estas palabras, giró la manija y s