Se detuvo en seco, se giró hacia Valeria, frunciendo el ceño ligeramente.
—Mauricio, hablemos de divorciarnos, —dijo ella con voz tranquila—. Lo único que quiero es quedarme con la casa, nada más.
Mauricio, adivinando por qué ella decía esto, respondió con voz grave:\N—Mi preciosa, donde quiera que vayas, te acompañaré. No necesitamos divorciarnos.
—Puedo ir sola, no necesito tu compañía, —replicó Valeria, apoyada en la encimera y mirándolo fríamente—. Ahora que la familia González ha caído y Ir