Para cuidar los pies de Valeria, el hombre compró unas zapatillas de algodón. Eran gruesas pero increíblemente suaves al caminar.
Valeria no mostraba muchas emociones, pero esperó a que Mauricio guardara los tacones en la caja y se acercara.
Ella se acercó para que él tomara su mano y juntos salieron.
Iliana, después de tomar las llaves del coche, se enganchó del brazo de David.
—Hermano, ¡vámonos! ¡Vaya día!
David soltó una risa baja, sintiéndose extremadamente contento.
Nunca había conocido a