—Vivo con Iliana, —dijo Valeria, viendo el rostro adolorido del hombre, frunciendo el ceño, pero aún sin empujarlo.
—¿En qué piso viven tú y Adrián?
—Que le den otra habitación, —murmuró Mauricio con voz ronca, apoyándose en Valeria para entrar en el ascensor—. Mi preciosa, por haber venido a beber por ti, cuídame un poco.
Valeria respondió con fastidio:—¿Fui yo quien te trajo aquí? Aún no te he preguntado, si podías caminar, ¿por qué seguías en silla de ruedas anoche?
—Puedo caminar, pero muy d