—¡Mau! —Valeria se apresuró a agacharse y sostener su brazo.
—Ya te dije, no necesito ayuda, —respondió Mauricio con frialdad, apartando bruscamente la mano de Valeria.
Ella lo vio buscar a tientas la silla de ruedas, esforzándose por levantarse. Pero su cuerpo era demasiado pesado, cayendo una y otra vez, incluso volcando la silla. En pocos minutos, su brazo y rodillas estaban cubiertos de moretones. Valeria apenas podía imaginar cómo se sentiría al intentar levantarse en el hospital y caer tor