Valeria dejó a un lado su trabajo, con la intención de disfrutar de un buen sueño reparador. Sin embargo, no podía dejar de pensar en el reciente incidente de Mauricio con la silla de ruedas, revolviéndose inquieta en la cama sin encontrar descanso. En un impulso, Valeria se escabulló hasta el gimnasio y abrió la puerta con suavidad.
Allí estaba Mauricio, aferrándose a la barra de equilibrio. Sus piernas aún carecían de fuerza, incapaces de sostenerlo. Sus manos se agarraban con tal intensidad a