Hacía mucho tiempo, él finalmente se quitó la corbata que envolvía su mano sangrante y caminó hacia su escritorio, marcando una línea interna, ordenó: —Llama a alguien de limpieza para que venga a arreglar mi oficina.
Después del almuerzo, Valeria acompañó a Sergio y a su asistente, Javier, al piso de abajo.
Mientras Valeria presionaba el botón del ascensor, le preguntó a Sergio: —¿Tienes amigos de confianza en Vientoluz?
—Eh, tengo algunos —respondió Sergio, levantando la cabeza para mirarla a