—Lo sé, gracias —respondió Valeria con una sonrisa, viéndolas alejarse.
Después, apagó el televisor y, al girarse para regresar a su habitación, notó a Sebastián apoyado en la puerta. Sorprendida, le cuestionó: —¿Desde cuándo estás aquí y por qué no dijiste nada?
—Acabo de salir —contestó Sebastián, llevando su mano a la boca como si quisiera contener un comentario—. Quizá deberíamos ir al festival también.
—¿Estás bien? ¿Te sientes mejor? —Valeria mostró preocupación.
—Son solo rasguños, no rec