Vale, Aleena. Vamos a hablar de esto ya, pensé con pesimismo mientras salía del coche. Rara vez conducía. Prefería ocuparme de los asuntos mientras otra persona se encargaba del volante, pero esta vez no quería esperar al chófer. Ni tenía paciencia para los límites de velocidad. Conducir ya había sido bastante malo. Si hubiera tenido que sentarme atrás sin nada que hacer más que esperar, habría gritado.
Lanzando las llaves a Stuart, le pregunté: —¿Sigue aquí?
Asintió cortésmente. Me llamó veint