El caos tiene un color. En el Grupo Castillo, ese color era el rojo sangre.
Apenas Mateo terminó su frase en la pantalla de videoconferencia, la imagen se cortó. Pero no volvió a negro.
Todas las pantallas de la sala de juntas —la gigante, las tablets de los directivos, incluso el monitor de seguridad de Lorenzo— parpadearon al unísono.
Y se pusieron rojas.
Un solo mensaje apareció en letras blancas pixeladas:
ACCESO DENEGADO. SISTEMA SECUESTRADO POR V.E.G.A.
El sonido de las alarmas de los ser