Capítulo 150

Un año después.

El horizonte de Madrid se rendía ante mis pies.

Desde la planta cincuenta de la Torre Rojo (antes Torre Castillo), la ciudad parecía un tablero de ajedrez donde yo había derribado todas las piezas negras.

Me giré en mi silla de cuero blanco. El despacho era minimalista, frío, perfecto. Ya no había muebles de caoba rancia ni olor a tabaco viejo. Todo era cromo, cristal y luz.

—Señora Rojo —dijo mi asistente por el intercomunicador—. El consejo de administración de Global Logistic
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