—Lo reconozco —se sentó junto a mí en la cama—. Sé que no debí inventar eso, pero me bloqueé.
Traté de no ceder, porque cuando lo tenía cerca siendo tan amable conmigo era muy blandengue.
—Tuviste miedo de perderla en ese momento.
—¿Qué? Claro que no Liz —sostuvo mi mano—, pero si se enteraba mi mundo se viene abajo y tu lo sabes bien.
—A mí ya no me importa si te quedas sin dinero o no —aparte su mano de la mía—. Esto no me afectaba antes pero verte con ella fue mi límite Aaron.
—¿Qué qui