—Gracias, aunque nisiquiera tengo tu número —bromee y enseguida sacó su teléfono.
—Dicta los dígitos y te llamo para que tengas el mío —eso fue tan rápido que hasta me tomó por sorpresa.
Aún así accedí y le dicte mi número de teléfono. Efectivamente, me llamó y pude guardar el suyo.
—Ya tienes mi número, no hay excusas —ahora el que bromeó fue él y le sonreí en respuesta.
Me despedí por última vez y bajé de la camioneta para entrar al edificio. Lo que hice fue entrar al apartamento y dej