Tras las palabras de Alastor, el silencio que se apoderó de la arboleda fue abrumador. Nadie dijo nada. Nadie se movió. Y eso, apretujó el corazón de Anna.
―No ―le susurró Dante cuando ella intentó acercarse a Arioch ―Deja que el alfa hable, es un momento entre ellos ―
Sin decir nada, Anna asintió y optó por buscar refugio entre sus brazos.
Dante tenía razón. Durante años, Arioch había sido visto como el culpable de la masacre que había tenido lugar en Loto de Luna cuando Alastor tenía tan sólo