El cuerpo de Cristal se estremeció al abrir sus ojos, observando con asombro cómo la pared a su costado se agrietaba por el fuerte golpe de Kogan.
"¡Rayos, no debí haber venido!", pensó ella con temor. — Lo siento... no volverá a suceder — se disculpó de inmediato, creyendo ciegamente que el gran enojo del hombre frente a ella se debía a que ella había abusado de su amabilidad.
Cristal bajó la cabeza, sintiéndose avergonzada. Al hacerlo, se percató de la ropa que llevaba. Miró su cuerpo y notó c