Horas habían transcurrido, y la luz del atardecer invadió el hermoso cielo celeste. A pesar de su hermosura, nadie lo contemplaba; toda la manada del territorio de Kogan tenía pleno conocimiento de lo ocurrido, y se podía percibir el vínculo que une a todos, inestable.
En la caverna, Roland, Hiro y los demás betas no habían cesado en sus intentos por derribar la barrera. Estaban sumamente agotados. Llevaban horas sin noticias de su luna, lo que aumentaba su preocupación.
El primer beta seguía la