Las oleadas de fuertes golpes resonaban con tal intensidad que podían escucharse a kilómetros de distancia. Los humanos en las regiones cercanas sintieron los temblores y, creyendo que se trataba de un fenómeno natural, buscaron refugio, ajenos a la verdadera causa.
Mientras tanto, Acua, junto a los guerreros que custodiaban la madriguera, percibió el aura descontrolada de su alfa. De inmediato pensaron que estaban bajo ataque de alguna manada enemiga, pero algo no encajaba: no habían recibido n