— Ya están cambiando todos los muebles de tu habitación. Ordené poner jarrones más grandes y resistentes, para que la luna te los pueda arrojar varias veces — comentó Roland, mientras caminaba al lado de Kogan por el pasillo.
Kogan se detuvo en seco, girando la cabeza para mirar a Roland con una expresión seria.
— ¡Me alegra que te estés divirtiendo! — dijo con sarcasmo, antes de retomar su marcha hacia el despacho.
— ¡Es lo mejor que he visto en los nueve siglos que llevo contigo! — le mencionó