Capítulo 8

Son las siete de la mañana, miro la hora y suspiro, cuando intento escribirle para decirle que ya estoy en el hotel, un hombre se me acerca y me conduce hacia los ascensores. Paso saliva y me dejo guiar, miro mi reflejo en el espejo y acomodo mi cabello detrás de la oreja por instinto, suspiró de nuevo cuando se abre el ascensor.

El hombre abre la misma habitación del día anterior para mí, esta vez Giacomo está sentado de espaldas a la puerta mirando la vista de la ciudad.

—Buenos días, Giacomo
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