Un año después.
La Romana, República Dominicana.
Evelina se ha quedado dormida, la acuesto en la cuna y la veo por unos segundos, mi hija es hermosa, es bellísima, y es una tierna y dulce bebé muy bien portada.
Mi madre me hace señas desde la puerta, mi corazón se acelera, pues creo que ya ha llegado él, lo he esperado toda la semana.
—Llegó —dice confirmando lo que esperaba. Trago saliva, sonrío.
—Lo atenderé.
—Es el hermano de tu marido, recuérdalo —susurra.
Mi madre no está de acuerdo con q