La encontré en la misma posición.
Tirada en el suelo, con el rostro escondido entre sus brazos, su cuerpo sacudido por el llanto.
Cada sollozo me golpeaba como una maldita daga en el pecho. Nunca había visto a Fumiko así... rota.
Por más que lo intentara, por más que buscara algo que decir, nada podría aliviar ese dolor. Su dolor. El que la estaba consumiendo desde adentro.
Y eso me estaba matando.
Avancé con lentitud, sin hacer ruido, acercándome a ella con la única intención de abrazarla.
Per