7. Las huellas que dejamos
La ciudad nos pertenece.
O al menos, queremos creerlo.
Lena me arrastra por la avenida principal con una sonrisa que desafía el frío, con la adrenalina brillando en sus ojos. Apenas hemos dormido unas horas, pero a quién le importa. Después de lo que pasó anoche, después de haber sentido su cuerpo fundirse con el mío, como si en ese instante nada pudiera arrebatarnos el tiempo, la idea de dormir se siente absurda.
Ella ríe mientras cruzamos la calle, sin importarle que el semáforo aún est