Me he levantado más temprano que papá, así que comienzo el almuerzo. Termino de prepararlo a las diez a. m.
Pienso si debo despertar a papá; me encuentro tocando su puerta y abre bastante adormilado.
Ya le llevo su almuerzo y el mío en una bandeja, entonces me sonríe y nos quedamos almorzando en su cuarto. Ponemos cualquier cosa, pero no le prestamos mucha atención.
—Me gusta que pasemos más tiempo juntos. —y me sonríe con una mirada aún cansada.
—Es otra ventaja de que me hayan suspendido —le