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Capìtulo VI: La realidad hecha sueño

Bajo las escaleras muy despacio tratando de pasar desapercibida y veo a Dan a lo lejos, está platicando con una chica y levanto la mano para que me note.

Lo consigo y se acerca a mí con un hot dog preparado. Nos sentamos en las escaleras juntos.

—Me leíste la mente, muero de hambre.

—Me lo imaginaba, no hables, come. Mientras estabas dormida Luca no paraba de molestarme. Quería que fuera a ver cómo estabas cada 5 minutos. Y él también subió. ¿No sentiste nada?

Siento mis mejillas sonrojarse al pensar en lo que está sugiriendo, pero lo ignoro.

—Por cierto, ya supimos de tu plan, Dan. Esto no se va a quedar así, eh.

—Entonces ya platicaron, ¿algo relevante?

—Pues en realidad sí, dijo que él está aquí porque dijiste que yo vendría. Debe haberlo dicho porque ya tiene algunas copas de más encima. Si supiera que yo no cambio de rutas para ver si me lo topo... —y doy un pequeño vistazo alrededor, para ver si puedo ver a Luca.

—Es una lástima que haya estado de viaje.

Nos levantamos de inmediato Dan y yo y nos damos cuenta de que allí está, un par de escalones arriba. Yo y mi gran boca. Mi corazón empieza a subir el ritmo mientras más pienso en lo que dije.

—Bueno, creo que me necesitan en otra parte que no sea aquí, chau, no dejes que se meta al agua... sola. —le guiñé un ojo a Luca y quiero irme con Dan, pero no quiero demostrar aún más lo que me importa quedarme a solas con Luca, soy adulta, puedo manejarlo, ¿o no?

Luca se ríe, baja unos escalones más y se sienta, da unos golpecitos a su lado pidiéndome que me siente, sopeso mis opciones y veo a Dan ya con otro grupo platicando muy animado, así que no tengo adónde ir, y me siento no tan cerca de él.

—¿Quieres?

Me ofrece una bebida y la tomo. Necesito algo que me quite la tremenda tensión que siento en los hombros.

—Sabe bien, no lo había probado antes.

—Seguro que no, lo acabo de inventar en la barra. Pero solo te daré ese poquito, está muy fuerte. Y sobria ya atentas contra tu vida.

—Jajaja, de todos modos no quería. —le regreso el vaso y en el momento en que levanta su mano para tomarlo noto que ahí está, la pulsera que era nuestra pulsera. Y en ese momento ya no puedo seguir fingiendo. Él nota que la estoy viendo y le digo:

—Tú te fuiste, decidiste terminar con todo —se me va la voz y empiezo a sentir un nudo en la garganta formándose—, y sé que tengo una situación complicada en mi casa, eras libre de decidir. Pero ahora mismo estás haciendo cosas que me confunden mucho. ¿Por qué?

Estoy a punto de levantarme e irme y en ese momento dice:

—No lo sé. —y suspira—. No lo pensé, yo solo quería verte. —voltea y me mira con una intensidad que ya había visto antes, con unos ojos que podrían leer los subtítulos de mi cara y adivinar lo que pienso.

Me toma de la mano que tengo recargada en la escalera y todo se vuelve a sentir como la primera vez que nos tomamos de la mano, y casi podría asegurar que eso me podría convencer de pedirle que no se vaya, pero no...

No puedo volver a pasar un mes entero con la vida hecha a pedazos.

—Luca, nada ha cambiado. Sabes lo importante que es para mí la recuperación de mi papá y ahora puedo ver una luz...

—Vámonos de aquí...

Busca mi otra mano y las envuelve con las suyas, estoy clavada ahí y mi cuerpo no planea moverse, empiezo a zafar un poco mi mano de su agarre, pero él me sostiene con más fuerza.

—Sé que suena descabellado, pero tienes que vivir tu vida. Y yo quiero que la vivas conmigo.

Una lágrima rodó por mi mejilla, qué bien se siente escuchar su voz, sentir su piel clara y su aroma que percibo igual a cuando nos conocimos. Él siempre consigue que mis sentimientos controlen mi mente y se olviden de lo demás.

—No...

Y justo cuando estoy a punto de rechazarle, suelta una de mis manos y me jala hacia él tomando mi espalda, estoy perdida. Acerca lentamente su cara a la mía, sus labios a los míos y siento su aliento a fresa, pero no me besa. Se queda solo ahí, muy cerca. Y me susurra con la voz ronca:

—Solo esta noche...

No te vayas.

Lo veo de cerca y ya puedo ver sus pequeñas pecas, y sin darme cuenta mi mano ya se ha levantado y la deslizo sobre su suave cabello hasta detenerme en su nuca. Recargo su frente con la mía y le digo:

—Olvidemos el mundo...

Solo esta noche.

Entonces rompe la tensión del momento.

—Vámonos entonces, no hay que perder ni un segundo.

Se pone de pie y me jala de una mano hacia la salida. No sé qué es exactamente lo que tiene en mente, y nos acercamos rápidamente al lago.

—Luca, ya debe estar fría, y no me siento cómoda entrando al agua después de lo que pasó en la mañana.

—Lo sé, pero no tienes de qué preocuparte, no nos mojaremos. —alcanza a gritarme y se aleja casi corriendo, lo veo jalar una pequeña barca de madera, apenas para dos personas y sonrío, es el estilo de Luca.

—¿Seguro que sabes manejarla? —y le alzo una ceja.

—Por supuesto, querida. —me ofrece su mano y subo a la barca—. ¿Qué tan difícil puede ser? —eso me preocupa en serio, pero ya estoy arriba y me desplomo en el asiento.

Luca se sube y comienza a remar, no es tan malo como pensé y pronto estamos en medio del lago, con la luna reflejada en el agua, el sonido de las hojas de los árboles por la suave brisa... No sé en qué momento deja de remar, pero ahora me está mirando a mí y le dedico una sonrisa.

—¿Cómo has estado?

—Realmente no quiero hablar de eso, basta decir que no tan bien.

—Me odio por haberte dejado, y sé que estoy siendo egoísta al estar aquí ahora. Pero... —y toma mi mano muy delicadamente— te extraño. No hay momento en que no piense en ti desde que nos vimos por última vez, y me estaba matando no poder sentirte cerca.

—Yo también te extrañé mucho, y la verdad no quería verte porque... —¿debo ser tan sincera? Él volverá a irse de cualquier modo, y empiezo a soltarme de su mano.

—No lo pienses, solo dímelo.

—Porque verte y estar así de cerca de ti… solo revive sentimientos que sé que no he podido apagar, los ignoro para seguir adelante, pero ahora sé que incluso se hacen más grandes. —mis ojos quieren llenarse de lágrimas, pero no quiero llorar, y él lo nota porque acaricia mi mejilla y acomoda un mechón de cabello detrás de mi oreja. Toma mi barbilla y levanta mi cara.

—¿Ya viste las estrellas?

Entonces las noto, son tan brillantes y hermosas, y tienen tantas formas como tu imaginación te permita. Tiemblo un poco, mientras más noche se hace, el frío cala más. Luca se levanta lentamente y se pone a mi lado. Recoge una manta negra y la pasa sobre mis hombros y los suyos. Le entrecierro los ojos juzgando sus intenciones y él solo levanta las manos en señal de rendición.

—Oye, yo tengo frío igual que tú. Y... —entonces pasa una mano por detrás de mi espalda tomando mi cintura— por desgracia la cobija es demasiado pequeña para los dos.

Me recargo en su hombro y nos quedamos juntos viendo a la nada. Quisiera poder guardar este momento para llevar, poder abrirlo como las cartas que tantas veces leí y sentir todo el amor que el momento tiene.

Luca rema de regreso y caminamos uno al lado del otro, y no puedo parar de pensar en el futuro, y lo que dolerá esto... otra vez.

—¿Quieres que mañana almorcemos juntos? El sauce parece un lugar agradable.

—Ya veremos... pero esto ya no puede ser.

Estoy fuera de mi casa, dentro del auto. Suena la canción Sword from the Stone en mi playlist...

How you doing, darling?
How you getting on?

Y un par de lágrimas caen en mi pantalón...

How you feeling, sweetheart?
Are you moving on?

Y muchas más comienzan a salir sin cesar...

Cause I’m fine and then I’m not
I’m spinnin’ round and I can’t stop
I can’t do this alone

No puedo detener los sollozos y mis manos tiemblan de la impotencia, de no saber de ti... de tener tantas ganas de escucharte, porque hoy ha sido un mal día y si hubieras estado habría tenido en quién descansar y tomar fuerzas.

Pienso en las cartas de la guantera que he llevado a todas partes desde hace un mes, y me doy cuenta de que ya no eres la persona que escribió esas letras. Porque escribió que estaríamos siempre juntos... y se fue.

Las saco de la caja con las manos aún temblorosas y dudo por un momento... no habrá vuelta atrás. No podré recordar tus palabras, ni los momentos en que me las dabas. Y de repente tocan mi vidrio, es Dan. Le abro la puerta del copiloto y se sienta sin decir nada, realmente no hay nada que explicar. Mi rímel está corrido por toda mi cara, aún se me escapa un sollozo y con los ojos hinchados lo veo.

—Hazlo, porque si lo hago yo, guardaré cada pedazo después de terminar.

Dan hace una mueca y duda, está a punto de decir algo, pero finalmente rompe todas las cartas y notas en mil pedazos, las guarda en su chaqueta y me abraza.

Al día siguiente despierto y tengo la sensación desgarradora de lo que sentí ese día, no fue solo un sueño, fue real. Despierto a Dan muy temprano y lo obligo a regresar muy de mañana antes de que alguien despierte. Si no puedo resistirme, tendré que huir.

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