Me he quedado dormida casi una hora y cuando despierto ya casi llegamos según el GPS, Dan sigue concentrado en la carretera y a lo lejos ya puedo ver la desviación, durante ese tramo cada vez hay más y más árboles grandes y de tronco grueso, y pareciera que nos empieza a cobijar el bosque. Finalmente llegamos, es una cabaña linda y amplia, de dos pisos y con la parte de arriba cerrada solamente con vidrio en la parte de enfrente, se ve una gran terraza. Bajo del auto y lo primero que siento es el aire fresco del ambiente. ¿Cuánto tiempo hacía que no respiraba un ambiente así?
Dan ya se está apilando cosas en las manos.
—Sé que es lindo, pero creo que necesito ayuda con las cosas.
—Ya voy, ya voy.
Agarro todo lo que me cabe en las manos y subo tres pequeños escalones para entrar a la cabaña. Parece que no ha llegado mucha gente, aun así que me siento cómoda al entrar sin presentaciones. Voy siguiendo a Dan y observando la casa, una sala con sillones negros un poco anticuados pero una pantalla enorme como para quedarse ciego. Tiene detalles de casa de abuelita como una lámpara en cada buró que veo, y algunas figurillas colgadas en las paredes, colibríes, tigres y un sinfín de otros animales. Llegamos a la cocina y estacionamos las cosas.
—Hola, chica.
Volteo de un brinco porque pensé que aún seguíamos solos.
—Hola, Lara...
—Qué sorpresa verte aquí, creímos que te había tragado la tierra.
—Por suerte no, gracias por preocuparte. Solo había cosas más importantes en las que estar.
Ella es la clase de persona que no debes dejar que te afecte lo que diga, pase lo que pase.
—Entiendo, bueno, pues pásalo bien, con cosas menos importantes. —y me guiñe un ojo.
Lara ha sido así desde la escuela, solíamos juntarnos de vez en cuando con ella porque nos daba tristeza verla sola tan seguido. Pero pronto comprendimos por qué estaba sola. Ahora Dan la trae de vez en cuando a los lugares donde puede dispersarse con la demás gente.
Llega Dan con un poco de menos cosas y dice como si hubiera escuchado la conversación:
—Solo ignórala, ni siquiera la invité yo.
—No te preocupes por mí, ya la conozco.
Poco a poco va llegando más gente con diferentes carros, camionetas y demás cosas y hasta perros.
No sé cuántos somos, pero es agradable no conocer a la mayoría. Terminamos de comer y Dan me dice que hay un lindo lago al que debería ir a mojar los pies, por fin puedo quitarme estos mortíferos tacones y tomo unas sandalias para ir a nadar, me he dejado el traje de baño debajo que consta de un top negro y un mini short, prefiero la comodidad. Cuando voy acercándome al lago veo un hermoso sauce, tal como mi sauce en la ciudad, pero este es realmente grande y sus hojas son demasiadas para ver su tronco. Con el viento moviendo me parece ver una persona sentada dentro, tal vez sea un invitado más, cansado del viaje.
Vuelvo a mi misión de entrar en el lago, la verdad es que no me gusta mucho nadar, pero si lo voy a hacer prefiero que sea sin mucha gente alrededor y más tarde poder decir que ya entré para no volver a hacerlo.
El agua es cristalina y tibia por el sol y poco a poco voy entrando más y más. Veo a lo lejos que hay muchos más sauces de los que puedo contar, añadiendo un cielo azul claro y nubes con pinceladas por aquí y por allá. Estoy fascinada por la vista cuando de repente…
Zas
Piso una piedra demasiado resbalosa y al intentar incorporarme el piso ya no está a mi altura, así que empiezo a nadar, pero en ese instante siento un hormigueo que se hace más fuerte recorriendo mi pie hasta mi muslo.
Lucho por mantenerme a flote...
Me empiezo a preocupar...
No puedo respirar...
Todo se empieza a ver borroso…
Hasta que se apaga.
Despierto con un reflejo de vómito y escupo el agua que había tragado, me arde mucho la garganta y no puedo dejar de toser.
Me pasan una toalla y cuando logro tranquilizarme empiezo a reconocer lo que pasa.
Me pude haber ahogado.
Hay alguien dándome palmadas en la espalda y tomando una de mis manos, y lo primero que puedo ver de esa persona son sus manos. Solo hay un ser en el mundo al que le podría reconocer las manos.
Y su voz me lo confirma.
—¿Te sientes bien?
Escucho su voz y mi corazón empieza a latir tan fuerte que siento que si se acerca un poco más podría oírlo.
—Sí, ya estoy mej-or. —digo temblorosa más de nervios que de haber estado a punto de morir. Intento levantarme, pero siento los brazos frágiles y se me vencen.
—Será mejor que te ayude.
Entonces, sin más, pasa su brazo por debajo de mis piernas y el otro detrás de mi espalda y me levanta. Cierro los ojos y me concentro en mi respiración para no pensar en sus manos y que se sienten exactamente igual que antes, tan cálidas, su olor que puedo reconocer de inmediato y mi corazón empieza a reaccionar, pero el accidente puede ser excusa. Escucho la voz de Dan preocupado, preguntando qué pasó y momentos después estoy en una habitación, Dan ya trae mi mochila y veo salir a Luca de inmediato.
—¿Es que no puedo dejarte un solo momento?
Veo sus cejas arrugadas y sé que de verdad está preocupado, me da gusto que lo haga, son escasos estos momentos en que no está regañándome.
—¿Si necesitas algo más, háblame, sí? Cámbiate, ¿o necesitas ayuda con eso?
—No, gracias. Solo si puedes pasarme la ropa para no levantarme, por favor.
Así lo hace y cierra la puerta detrás de él. Me cambio a una camisa grande y me recuesto un momento, estar cerca de la muerte sí que cansa. Me estoy quedando dormida y escucho muy lejos que alguien está tocando la puerta, puede que sea en otra habitación y dejo de saber de mí.
Despierto y ya no hay rayos de sol, y me levanto de un salto. ¿Cuánto dormí? Hay una taza de té sobre un buró de madera y una notita que dice “Bébeme”, hay un reloj colgado en la pared que marca las nueve pm, espero que esté averiado, porque si es verdad ya no podremos regresar a casa hoy. Veo algunas personas platicando fuera de la cabaña, algunas más bailando y ahí está él, no fue una alucinación. Él está recargado en una barandilla, tiene algún cóctel extraño de los que le gustaba hacer y parece ver a la nada. Un momento, está viendo hacia acá. Lucho por moverme lo más rápido que puedo, pero por supuesto que me vio.
No puedo salir solo con la camiseta. Trataré de ver por una orilla de la puerta y justo cuando abro la puerta veo que, en efecto, Luca me vio.
Parado frente a la puerta, aún no puedo creer que es él, trae puesta una camiseta negra de vestir, con tres botones desabrochados, y un pantalón negro con zapatos de vestir. No puedo evitar admitir que me sigue atrayendo hacia él. También es muy guapo, tiene labios gruesos y de un tono rosado, y su tez es clara, que se ve aún más blanca cuando usa ropa oscura, sus ojos son color miel y tiene pestañas pequeñas de paraguas, me interrumpe y gracias a Dios me saca de mis pensamientos.
—Hola, creí que podrías necesitar esto —me da la ropa que traía puesta y me regala una sonrisa con los ojos adormilados, no sé cuántos cócteles lleva, pero es seguro que son varios.
—Gracias, por todo, ¿fuiste tú quien me sacó? —le pregunto un poco apenada.
—No fue nada, de verdad me sacaste un susto. —se pasa la mano por el cabello, se escapa un mechón a su frente, y ahora noto sus mejillas sonrojadas por el alcohol seguramente, siempre me pareció lindo verlo así.
—¿Dan te invitó? —trato de cambiar el tema para no pensar demasiado.
—Así es, el mismo.
Esto era su plan, ya sabía. Bueno, a excepción de mi casi deceso.
—Él dijo que no estarías aquí. —dije rápidamente para que no imaginara que esto era mi plan.
—Qué curioso, a mí me dijo que tú sí vendrías. —noto que su voz se apaga con esa frase— Y la verdad es que esa es la razón por la que... —empieza a caminar hacia adelante y quedamos a un paso de distancia, sé que debería cortar esto en seco, pero mi cuerpo no reacciona, él levanta una de sus manos pero se detiene, 1, 2, 3, y la baja de nuevo.
—Qué bueno que llegué a tiempo para que no tuvieras que salir así. —me mira de arriba a abajo— Voy con los demás.
—Per... —antes de que pueda decir algo más él ya está casi bajando las escaleras, así que entro a la habitación de nuevo. Me olvidé de respirar y ahora se me escapa un suspiro entrecortado. ¿Por qué querría venir si sabía que yo estaba aquí? Por mucho que me duela admitirlo, Luca fue quien me dejó. Y por mucho que eso me cause rabia, no lo puedo odiar.
Me cambio y arreglo lo mejor que puedo considerando que allá abajo están en una fiesta.