Capítulo 97
Las sombras de la Galería Oeste eran profundas, aterciopeladas y engañosas. Había estado de pie en el nicho empotrado detrás de las pesadas cortinas de damasco durante lo que pareció una eternidad, los dedos aferrados a la seda fría hasta que los nudillos se me pusieron blancos.
Había venido a buscar a Antonella, a agradecerle, tal vez, el pastel de miel que preparaba para Luna, o a encontrar un instante de paz en su presencia firme y abuela.
En su lugar, había encontrado un cemente