El Silencio del Cordero

Capítulo 101

El silencio que siguió a la propuesta de Lucien no fue simplemente quietud; fue un vacío que me arrancó el oxígeno de los pulmones. Quinientos pares de ojos, brillantes con el hambre depredadora de la élite social, se clavaron en mí.

El pesado aroma de las hortensias y del perfume caro se sentía como un peso físico, aplastando el encaje floral de mi corpiño.

Miré a Lucien. De cerca, sus ojos no contenían la calidez de un hombre enamorado. Eran astillas de obsidiana, duras y calcula
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