Un café.
Conducir por la ciudad nocturna era algo nuevo. Detestaba el ajetreo durante los días de semana y empeoró cuando se percató de que por las noches —sobre todo teniendo en cuenta que era fin de semana— era peor. Cientos de personas pululaban libremente por las calles, algunos en pequeños grupos, otros en parejas y otros solitarios.
—Un café. Te invito un café —espetó.
Agradeció la luz roja del semáforo, permitiéndole tener unos segundos para mirar a Laín. Había sorpresa en el rostro, pero también