Extraño.

Había algo que lo incitaba a salir detrás de Laín, pero ¿qué? ¿Por qué? Bebió su cuarta copa de champagne, queriendo que el alcohol ayudara a borrar la imagen de Laín de su mente. Quizá si no hubiera hablado de manera tan demandante, la situación hubiera sido diferente y, aun así, no encontraba una explicación racional para la sensación que seguía creciendo dentro de él. 

—¿Dónde está? —Bufó por lo bajo al escuchar a su prima—. Te hice una pregunta, Drazen.

—¿Quién? —preguntó—. Exprésate con más...

—Hablo de Laín, ¿dónde está? —Arqueó una ceja, bajo la atenta mirada de su prima—. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué le dijiste? Drazen, te juro que si...

—Ah, ese amigo tuyo —imperó con desdén y bebió el último sorbo de la bebida—. Se tuvo que ir. 

—Iré a buscarlo. —Drazen endureció sus facciones, su mirada fija en la de su prima—. Laín ha venido conmigo, ¿por qué lo dejaste ir?

—Se fue en un taxi —se apresuró a decir—. No te preocupes, primita, ya debe de estar por llegar a la ciudad o donde sea que viva.

—Drazen, es mejor que no sea tu culpa —alegó Fernanda.

Drazen dejó la copa en una de las mesas. Paseó la mirada por el jardín, dándose cuenta de que las personas comenzaban a marcharse. También debería irse.

—En serio, bastante tuve con mamá. 

—He dicho que no —gruñó enervado—. No le dije nada a tu amigo. De hecho, hasta me disculpé por haberlo tratado mal. 

—¿Qué?

—¿Por qué te sorprendes? —preguntó con enojo. No, no era momento de perder los estribos—. El chico es tu amigo, ¿cierto? Bueno, supongo que todo está bien. 

—¿De verdad? —Asintió—. ¿Qué pasó con el Drazen a quien no le importa nada más que su propia vida?

—La verdad es que no me importa, Fernanda —espetó y, de nuevo, recordó la mirada nostálgica—. Solo me di cuenta de que el chico no es lo que creí que era y ya. Nada por lo que debas sorprenderte. 

—Estás raro. —Sintió la mirada de su prima recorrer su persona, como si lo estuviera analizando, como si estuviera buscando algo—. No lo sé, algo no me cuadra. ¿Estás ebrio?

No, no lo estaba, ¿o sí? Porque de no ser por las palabras de su prima, no se habría dado cuenta de que sí estaba actuando y comportándose extraño. ¿Acaso el alcohol había hecho lo suyo? Posiblemente.

—No. —«Ojalá lo estuviera», pensó. Hizo un mohín con los labios, casi imperceptible, y optó por cambiar de tema—. ¿Qué necesitaba tu madre? Porque créeme, estaba buscándote desde temprano. Me preguntó por ti un par de veces. 

—No sé por qué me estás hablando de manera cordial, Drazen. —Ella se cruzó de brazos y Drazen se encogió de hombros—. Pero bueno. Mamá me presentó a Dustin, seguramente sabrás el motivo.

—Prácticamente está planeando la boda —comentó, comenzando a caminar lentamente hacia el centro del jardín—. Escucha, Fer, te lo dejaré claro una sola vez. —Inhaló y exhaló hondo, mientras su prima caminaba a su lado—. Es obvio que nosotros no nos llevamos bien y, posiblemente, nunca lo haremos, pero eso no significa que esté de acuerdo con las acciones y decisiones de tu madre. 

—Drazen, ¿qué te ocurre? Tú no eres así —observó su prima.

—Nada ocurre —dijo, manteniendo la mirada en el jardín—. Tampoco quiero buscar una razón por lo que te diré esto y seguramente mañana me arrepentiré, pero, respecto a ciertas cuestiones y, aunque lo dudes, no me gustaría verte siendo una marioneta de tu madre. 

—No soy su marioneta. —La miró de soslayo—. Sin embargo, agradezco tus palabras. Es la primera vez que hablamos sin insultarnos. Es extraño. 

—No te acostumbres; no habrá próxima vez —profirió—. Linda fiesta, ya hice mi parte, ahora te dejo con tus invitados.

Aceleró los pasos y antes de llegar a la salida, fue interceptado por una mano que se aferró a uno de sus brazos.

Drazen giró sobre sí, con algo de brusquedad, y miró escéptico a Fernanda.

—Espera, primo —pidió ella—. De verdad me gustaría que seas así siempre. Creo que me equivoqué al pensar que eras una persona desalmada, fría y sin emociones. 

—Fernanda —enfatizó con cansancio, liberando su brazo de la mano de ella—. No confundas las cosas, no te conviene. 

—Hay algo allí. —Ella apuntó sus ojos y Drazen frunció el ceño sin entender—. Algo que nunca había estado antes. No sé qué puede ser, pero me gusta este nuevo Drazen. Sé que nosotros no nos llevaremos bien, quizá, nunca. Sin embargo, de verdad creo que podemos intentarlo.

—¿Qué quieres decir? —preguntó apático—. No estoy para tus juegos. 

—No es ningún juego, Draz. —Drazen arqueó una ceja—. Lo que quiero decir es que... Mejor dicho, lo que te propongo es que tratemos de llevarnos bien. Eres mi familia y tal vez, aunque en serio me cueste admitirlo, la única persona dentro de este entorno hipócrita que dice realmente lo que piensa. No quiero vivir continuamente peleando contigo, Draz.

Drazen frunció el ceño nuevamente, negó con la cabeza y suspiró. ¿Realmente iba a tratar de llevarse bien con su prima? No, sería ridículo, pero analizó un panorama a futuro cercano y podría obtener ciertas ventajas…

—Está bien —aceptó—. Lo más probable es que mañana no recuerde nada. 

—Eres un idiota —acusó ella.

—Gracias, primita.

Jamás esperó que su prima se abalanzara sobre él, rodeándolo en un abrazo. Quedó quieto, tratando de descifrar lo que estaba pasando. En casa, las palabras siempre habían sido más frecuentes que los gestos, y el contacto físico, un territorio casi inexplorado. Por eso, cuando sintió los brazos de Fernanda rodearlo, su cuerpo se tensó como si no supiera qué hacer.

—¿Qué crees que haces? —preguntó en un susurro—. Suéltame. 

—Se llama muestra de cariño, idiota —murmuró Fernanda, en el hueco de su cuello—. Poco a poco te acostumbrarás a esto. Prometo que lo harás. 

—Nada de eso —profirió.

Llevó las manos a los hombros de su prima y se alejó de ella. Observó la mirada de Fernanda y descubrió sinceridad.

—Mide tus reacciones, Fer, no quiero que hagas esto de nuevo —imperó. 

—Hasta mañana, Draz —se despidió ella, sonriendo—. Descansa.

Fernanda volteó, comenzando a caminar de nuevo hacia el interior del jardín. 

—Fer —pronunció, elevando un poco la voz. Su prima volteó y lo miró con algo parecido a la diversión—. Descansa también.

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