El viaje de vuelta a casa se me hizo más largo, no. De hecho, fue más largo de lo habitual. Quizás era porque tenía los nervios a flor de piel. Quizás era porque el silencio me oprimía tanto que incluso mi respiración sonaba fuerte. O quizás era porque cada segundo que pasaba me acercaba al único lugar al que deseaba y temía regresar.
Esta casa olvidada de Dios.
Solo que ya no se sentía como mi hogar. No después de todo.
Scott no habló en todo el viaje. Sus manos permanecieron firmes en el vola