No dormí mucho cuando de repente sentí dos dedos abriéndose paso dentro de mi coño. Gemí y me acurruqué de nuevo contra el cuerpo duro que tenía detrás. Scott debía de haberse despertado en mitad de la noche, cachondo como la cuba, y deseaba a su mujer. Desde que empecé a vivir aquí y a compartir cama con él, normalmente se despertaba dos o tres veces por noche para quizá trabajar, tocarme o, mejor aún, follarme.
De repente sentí unas manos cálidas y ásperas sobre mis pechos desnudos, pero era