Capítulo 9. El informe y la ira sorda
BRUCE
Dos meses habían pasado desde que el mundo de mi hija se detuviera en aquel altar, y el aire en la mansión Paine seguía sintiéndose viciado, cargado de una tristeza que ni el mejor sistema de ventilación podía purgar. Sin embargo, la mañana en que llegó el sobre grueso, el ambiente cambió. Ya no era solo tristeza; era la electricidad estática que precede a la tormenta.
El sobre fue entregado en mano por un mensajero cuya discreción rozaba lo profesional: traje oscuro, rostro inexpresivo y